Lo confieso, muchas veces he querido tirar la toalla y dejar de esforzarme por actuar bien. Pero algo que podría parecer tan sencillo se convierte en una auténtica odisea cuando en tu cabeza se libra una lucha entre el bien y el mal. Por un lado aparece el famoso "diablo", ese que te anima a que dejes de preocuparte por los demás cuando ellos ni se interesan por ti, o que te anima a que dejes de ayudar si no vas a recibir nada a cambio nunca. Por otro lado se presenta el "ángel", ese que te recuerda que jamás debes hacer lo que no te gustaría que te hicieran a ti y que el respeto, la bondad y el buen hacer son fundamentales. Y al final dejas que acabe ganando el ángel porque estás acostumbrada a hacer lo que te nace del corazón, aunque eso signifique que seguirás siendo tonta toda tu vida.
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