Nos pasamos la vida haciendo planes: estudiaré esa carrera, haré este máster, me casaré a los treinta, tendré tres hijos y un largo etcétera. Hasta que de repente un golpe inesperado te derrumba como un castillo de naipes expuesto a una corriente de aire. Y es ahí cuando toca ponerse el traje de superhéroe y volver a colocar cada carta en su lugar. Aprendiendo que el presente es el único futuro y el mañana sólo un adverbio.
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